Excedencia voluntaria: los pasos para solicitarla con éxito en la empresa

Excedencia voluntaria: los pasos para solicitarla con éxito en la empresa

Lo que hay que saber sobre la excedencia voluntaria

  • La excedencia voluntaria permite pausar el trabajo sin garantías de regreso; el puesto no está reservado y la vuelta depende de vacantes disponibles.
  • El procedimiento exige solicitar por escrito, cumplir plazos y revisar convenios; no cotiza a la Seguridad Social ni genera derecho a prestaciones.
  • La incertidumbre gobierna el regreso y los derechos tras la excedencia, donde la normativa, los matices y los olvidos pueden complicarlo todo.

Pedir una excedencia voluntaria suena a salto al vacío o a tabla de salvación, depende del momento de la vida en que se vea uno. Unos lo ven como ese «basta, necesito aire», otros solo quieren tiempo, tiempo para todo menos trabajar. ¿Qué dice el Estatuto de los Trabajadores sobre esto? Responde: aquí no hay ruptura, solo una pausa, uno de esos puntos y aparte deprimentes o liberadores según el momento. El salario desaparece, la cotización también, la calma no tanto… pero siempre queda el derecho a llamar a la puerta de vuelta, aunque nadie jure que deje el sitio en la misma mesa y silla. Este asunto no es cosa de lanzarse sin repasar el manual, porque la historia de la excedencia tiene más de laberinto que de autopista. Puede parecer libertad o enredo, según el cristal con que se mire, y hay quien luego maldice por no entender la letra pequeña.

¿Qué es una excedencia voluntaria y cómo encaja legalmente?

Una pausa pactada, pero sin promesas de que todo vuelva igual, ¿verdad? Se lee rápido, se entiende regular.

El concepto y las diferencias entre tipos de excedencia

Esta solicitud no pide justificación épica. Nada de emergencias familiares, ni cargos públicos. La excedencia voluntaria se pide porque sí. Simple: quien necesita parar, pide parar. No hay que confundirla con las otras variantes más tradicionales: cuidado de hijos (ese sí guarda el puesto) o la forzosa (si hay que irse por un cargo público, el sitio está asegurado). Volviendo a la voluntaria, reina la incertidumbre: si al regreso hay vacante, perfecto, si no, a esperar. Ni nómina, ni cotización. Suspensión con fecha por definir y sin líos… siempre que se conozca de antemano el peaje.

¿El marco legal? España lo tiene claro

Para los curiosos, la normativa se encuentra en los artículos 46 y 47 del Estatuto de los Trabajadores. A veces los convenios añaden ingredientes inesperados. La administración pública va por libre y los detalles cambian tanto según el trabajo que no queda más que preguntar, preguntar y preguntar. Sindicatos, recursos humanos, incluso aquel amigo resabiado que pasó por esto: todos tienen algo que añadir. A veces uno siente que se mueve sobre arenas movedizas jurídicas.

Duración, requisitos, letra minúscula de la letra pequeña

Cuatro meses, ni uno menos, cinco años como máximo. El intervalo tiene margen, pero también trucos. ¿Se requiere antigüedad? En algunos sitios, sí. ¿Solo se puede pedir una vez cada X años? Algunos convenios lo sueltan en la segunda página, justo donde nadie mira… hasta que surge la pregunta. Toca desenrollar el contrato y mirar con lupa antes de dar el paso.

¿Cómo se solicita una excedencia voluntaria paso a paso?

Aquí empieza la verdadera aventura para quien lo intenta, mezcla de burocracia y control de nervios.

Documentos y modelos que salvan la jugada

Todo comienza con una carta simple, sin rodeos, para recursos humanos. Nombre, apellidos, fecha y prueba de antigüedad, eso no falta nunca. Las empresas suelen ahorrar trabajo: entregan una plantilla y a rellenar. Tampoco sobra contar con un registro: DNI al día, modelo oficial y —quizá lo más importante— la lista que se revisa antes de enviar nada:

  • Solicitud por escrito (carta o formulario de la empresa)
  • Acreditar antigüedad suficiente (depende del convenio)
  • Identificación vigente

Quien ya olvidó algún documento en cualquier papeleo sabe que la lista es la salvación.

El procedimiento y la comunicación honesta

Los plazos corren: hay que avisar entre uno y tres meses antes de la fecha deseada. La empresa, claro, prefiere recibir la solicitud en forma y tiempo. El acuse de recibo será oro puro si algún día surgen problemas. Recursos humanos recibe la petición, a veces acompañados de sindicatos (que no son precisamente convidados de piedra). La máxima: siempre por escrito, diga lo que diga el cuñado de turno.

¿Cuánto tarda y qué puede pasar en la tramitación?

La empresa suele responder en cuestión de semanas, pero los silencios también hablan: ese silencio «positivo» (que a veces significa sí, a veces no tanto) se debe leer con cuidado, y comprobar cada detalle en el convenio. Aprobada la excedencia, toca informar a la Seguridad Social y guardar todo, incluso el email más soso.

¿Qué ocurre después de pedir la excedencia voluntaria?

Y ahora, ese vértigo de soltar lastre y preguntarse si volver resulta posible… O cómo será el regreso.

Derechos y limitaciones tras la solicitud

Ese derecho preferente al regreso suena tranquilizador, aunque queda lejos del «te estamos guardando el sitio» de otras excedencias. ¿Hay vacante? Genial. ¿No? A la bolsa de empleo interna, paciencia y llamadas. Antigüedad, promociones, cálculo de prestaciones: a veces cuentan esos periodos; otras veces, simplemente se esfuman. El sueldo desaparece (ya estaba avisado) y hay quien lo vive como la mejor pausa de su vida, y quien echa de menos hasta el despertador.

De la Seguridad Social… mejor no olvidarse

Durante la baja voluntaria, la empresa olvida la cotización para ese empleado. ¿Pensiones? ¿Subsidios? ¿Derechos futuros? Algunos descubren mucho después que el reloj no corrió durante la excedencia. La función pública y algunas excepciones, sí, encuentran formas de no perder ese tiempo a efectos legales, pero el resto acaba asumiendo que hay periodos que no suman. La vida: nadie dijo que fuera fácil hacer cuentas.

El regreso… ¿triunfal o cuesta arriba?

La vuelta siempre guarda su toque de suspense. Para reincorporarse, carta en mano con uno o dos meses de antelación. Si en ese momento sí hay plaza, bienvenido de nuevo. Si no, a la fila interna y a esperar. Cuando la negativa no tiene justificación, los sindicatos entran en juego, o a veces hasta el juez. Nadie garantiza que sea un paseo. Pero sí, la vuelta es posible… aunque nunca igual.

Comparativa entre tipos de excedencia
Concepto Motivo principal Reserva de puesto Duración Prestaciones
Excedencia voluntaria Motivo personal No (salvo preferencia de reingreso) 4 meses a 5 años Sin derecho a paro
Excedencia por cuidado de hijos Cuidado de menores Sí (en determinados periodos) Hasta 3 años por hijo Algunas prestaciones sociales
Excedencia forzosa Funciones públicas o sindicales Sí (obligatoria) Duración del cargo Posibles derechos derivados

¿Cuáles son las dudas que más asaltan sobre la excedencia voluntaria?

A estas alturas, quien no ha dudado, miente: la cabeza se llena de «¿y si…?».

Respuestas rápidas a preguntas de siempre

¿Y si aparece otra oferta laboral durante la excedencia? En general, sí es posible firmar por otra empresa, salvo que compita directamente o exista pacto de exclusividad. Otra cuestión que genera inquietud: ¿es posible solicitar excedencia varias veces? Los convenios marcan aquí los tiempos. Si la antigüedad falla, quizás la solución consista en pedir reducción de jornada o un permiso distinto. El caso real de una lectora: tras una excedencia por motivos personales, quiso volver… justo cuando la vacante ya tenía nombre y apellidos ajenos. Entró en la bolsa interna, buscó alternativas y —años después— acabó reinventando su trabajo. Nadie sabe cómo salen las cosas, y ahí reside la emoción y la incertidumbre.

Modelos, consejos y recursos para salir victorioso, o al menos no perderse

La carta que solicita la excedencia no se improvisa: nombre, apellidos, fechas, motivos y firma. Faltaría más. Sindicatos, portales especializados o webs de recursos humanos llenan la red de modelos fiables y actualizados. El verdadero truco: marcar cada requisito en la lista y no confiar en la memoria.

Guía paso a paso, solicitud eficaz de excedencia voluntaria
Paso Acción recomendada Palabras clave utilizadas
1 Reunir documentación excedencia voluntaria, solicitud formal, modelo
2 Presentar la carta con antelación notificación, recursos humanos
3 Conservar justificante procedimiento, documentación
4 Solicitar reingreso a tiempo reingreso, derecho preferente

Medir bien el paso, consultar opciones, guardar todos los papeles y cuidar que todo quede claro. Una excedencia voluntaria no tiene por qué ser punto final. Mejor preguntar demasiado y elegir cuándo parar. Algunas veces, frenar no es solo parar: es encontrar el ritmo propio (y si no, que se lo digan a quienes después no quieren volver nunca más).

Más información

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¿Cómo funciona una excedencia voluntaria?

La excedencia voluntaria es como darle al botón de pausa en el trabajo, así sin demasiados rodeos. No es una fuga dramática ni una renuncia definitiva. Solo existe ese impulso de parar, de dejar el trabajo en stand by —sea para viajar, probar otra empresa, cuidar a alguien o, quizá, disfrutar un año sabático. ¿Truco? El contrato no se rompe, pero la Seguridad Social no ve cotizaciones durante la excedencia. Quien regresa, lo hace con la posibilidad de volver a la empresa, aunque ojo: el puesto exacto puede volar, no está reservado. Eso sí, el derecho a reincorporación sí se mantiene. Todo está ahí, en suspenso, esperando qué decide hacer el protagonista.

¿Cuando pides una excedencia tienes que dar 15 días?

La ley no obliga a soltar el clásico preaviso de 15 días cuando se pide una excedencia voluntaria. Sorprendente, se sabe: ni hay fechas talladas en piedra ni ese tic-tac desesperante antes de entregar la carta. Ahora bien, un aviso con tiempo —digamos esos 15 días— puede cambiar el ambiente, permitir a la empresa no quedarse patas arriba y hasta recibir la noticia con algo menos de drama. La cortesía laboral nunca sobra, aunque no sea por obligación legal. Algo así como mandar un mensaje antes de desaparecer del grupo: se agradece y deja todo más claro.

¿Qué derechos se pierden con una excedencia voluntaria?

Entrar en una excedencia voluntaria tiene sus secretos menos amables. Primero: se detienen las cotizaciones a la Seguridad Social, lo que salpica, y mucho, el derecho a paro, la jubilación o las prestaciones que dependen de esos números invisibles disparando desde la nómina. El puesto de trabajo tampoco es una promesa tatuada en piedra: la empresa no tiene por qué reservar exactamente el mismo puesto, aunque sí debe dejar sitio cuando la excedencia toca a su fin. Es un paréntesis que da libertad, sí, pero al volver el mundo laboral puede lucir diferente, como si se hubiera reorganizado mientras uno descansaba.

¿Qué requisitos hay que tener para pedir una excedencia?

Hace falta algo más que el simple deseo de desaparecer unos meses para acceder a una excedencia voluntaria. Primero: al menos un año de antigüedad en la empresa, nada de recién llegados soñando con largas vacaciones. Segundo: la petición se hace por escrito, mejor bien atada, evitando malentendidos. Tercero: la duración elegida, entre cuatro meses y cinco años —ni sprint ni eternidad. No está de más avisar con tiempo, aunque no sea legalmente obligatorio. Ah, y una condición fundamental para reincidir: entre una excedencia y otra deben pasar años al pie del cañón, sin buscar atajos ni esperar privilegios de serie.

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